Algunas páginas

Alternativas para situaciones dramáticas
(Desarrollo del proyecto)

Índice
Introducción……………………………………… 11
Situación actual…………………………………. 17
Planteamiento…………………………………… 85
Desarrollo……………………………………….. 137
Resultados………………………………………. 207

Páginas que se muestran
Índice: situación actual, páginas 17 a 32
Indice: planteamiento, páginas 107 a 121

 

Introducción

Si viéramos por primera vez lo que pasa en el mundo, en nuestras naciones, como se comportan nuestros gobernantes, las grandes diferencias sociales que hay, seguro que nos horrorizaría el panorama. Pero nos hemos habituado a verlo así y la mayoría de nosotros, poca cosa hacemos para intentar remediarlo, a no ser, claro está, que lo que ocurra nos perjudique de forma personal. Entonces, por lo general, dedicamos nuestro esfuerzo en protestas y lamentos que nuestros gobernantes ignoran por completo.

Estamos viviendo en un período en el cual se desmorona nuestro sistema, debido a las decisiones incorrectas de nuestros gobernantes y también de todos nosotros por dejar que esto ocurra. Incluso podríamos añadir que algunos de nosotros con nuestras acciones y conductas reprobables, que no siempre reconocemos, hemos colaborado en este desaguisado.

Las consecuencias son el caos en el cual estamos ahora: desahucios, falta de trabajo, recortes en nuestra sanidad, educación, servicios sociales y hasta pasar hambre. Para que unos puedan continuar acumulando riquezas otros lo pagan con su pobreza. Esperemos que las personas que tienen el poder para eliminar esos extremos se vuelvan sensatas, humanas y compasivas.

Entretanto muchas personas de nuestra sociedad trabajan, cada cual a su manera, para minimizar los efectos de estos tiempos difíciles que viven muchas familias. Unos trabajan para que salga lo oculto, indecente, inmoral a la luz. Otros con sus aportaciones o trabajos desinteresados ayudan a familias que están al límite. También muchas personas intentan con huelgas y protestas que cambien leyes injustas…

Cualquier cosa que hagamos será positiva si lo planificamos para que su resultado beneficie a todos. Lo peor es que nos paralice el miedo porque entonces no veremos el camino de la solución.

Ahora más que nunca nos tenemos que unir y no solo para hacer huelgas y protestar. Al mismo tiempo de pedir soluciones a nuestros gobernantes deberíamos buscarlas también por nuestra cuenta, para al menos asegurarnos de tener cubiertas nuestras necesidades básicas, esas que por lo visto no coinciden con las prioridades de nuestros mandatarios.

Yo a través de mis libros de organización social intento hacer mi aportación. He desarrollado este proyecto porque creo que puede ayudar a mejorar la situación de muchas familias que en este momento no tienen trabajo ni recursos económicos para poder subsistir.

Entre todos lo podemos conseguir, sin necesidad de inversiones, sin manipular dinero, que lo que hace como hemos podido comprobar es corromper a las personas; os invito a que leáis este libro y si es posible ponerlo a la práctica entre todos.

Las circunstancias que viven los personajesdel libro son imaginarias. Cualquier parecido con casos reales es pura coincidencia. 

      Páginas 17 a 32                                

María pone una olla con agua en los fogones y se dirige al frigorífico, coloca su mano derecha en el tirador, pero en lugar de abrirlo apoya la cabeza en la puerta y luego lo golpea con los puños, hablando para sí con desespero.

—¡¿Por qué tardará tanto?!

Su hijo Iván llega a la cocina corriendo al escuchar los golpes.

—¡Mamá! ¿Con quién hablas? ¿Qué pasa?

María se seca las lágrimas con el trapo de cocina antes de darse la vuelta. Cada vez le cuesta más esfuerzo mostrar normalidad para que Iván no sufra.

—Nada, pensaba en voz alta, no te preocupes.

—¿Estás preocupada por el abuelo? ¿Lloras porque no ha llegado aún con lo que nos trae cada sábado? ¿Piensas que puede estar enfermo?

María se agacha y abraza muy fuerte a Iván y lo besa varias veces, en la cabeza, en la mejilla…

—No te preocupes Iván, todo se arreglará, y sí, estoy preocupada por el abuelo, pero tu piensa en estudiar y jugar, que sólo tienes diez años. Yo me encargo de todo. Te quiero.

María e Iván se giran al escuchar unos sollozos, es la pequeña Lisa.

—¡Mami! tengo el pijama mojado.

María la coge en brazos y le da un beso.

—No te preocupes cariño, la culpa es mía, se me olvidó al acostarte de ponerte el pañal.

—Tengo hambre, mami.

María abraza muy fuerte a Lisa y ahora sí que no puede evitar que Iván la vea llorar. Éste comprende muy bien la angustia de su madre al escuchar la palabra “hambre”.

—Ven conmigo Lisa, yo te cambio mientras mamá prepara la comida —le dice su hermano decidido.

Iván coge una tostada de pan que quedaba en el paquete y se la da a Lisa, luego la persigue jugando hasta la habitación. María suspira fuerte, después abre con furia el vacío frigorífico. Saca los dos huevos que quedaban y lo cierra de un portazo. Coge un sobre de sopa y lo vacía en la olla que tenía en los fogones.

∫ ∫ ∫

Carlos abre la puerta del piso y cuelga sus llaves en el llavero, se acerca a su esposa Julia que está planchando y le da un beso. Ellos son vecinos de María, viven en el mismo rellano de escalera. Después Carlos se deja caer de golpe en el sofá con un suspiro.

—Hoy he visto a Luis a las once, en el bar de la estación.

Julia deja la plancha rápidamente al escuchar lo que dice y se dirige hacia su esposo.

—¡Dios mío! ¡Sólo les falta eso! ¿Y cómo lo has visto?

—Pues, lo vi cuando acompañaba a Tomás que se iba a su pueblo. Ya sabes lo puntual que es cuando viaja. Hemos estado tomando un café en el bar de la estación, mientras esperábamos la salida del tren. Luis estaba allí, en la barra.

—¡No! no te pregunto cómo es que lo has visto, sino cómo estaba. ¡Ya sabes! ¡No quiero pronunciar la palabra!

—¿Te refieres a si estaba bebiendo alcohol? —le pregunta Carlos.

—Sí.

—Pues, sí y no era la primera copa, por que ni me reconoció cuando entré.

—¡Dios mío! ¡Qué pena! —exclama Julia— gastarse de esa manera el poco dinero que les dan de ayuda.

—No te preocupes tanto Julia. Nosotros no podemos hacer más de lo que hacemos por ellos y con el problema que tiene Luis no podemos intervenir —le dice él con tristeza.

—Sí, ya lo sé, pero no puedo dejar de pensar en María e Iván. ¡Lo que están sufriendo ese chico y su madre con todo esto!

Julia se va a la cocina y sale con un tupper.

—Voy a llevarles esto que tenía preparado para ellos y me llevaré a Iván antes de que Luis regrese. No quiero que vea a su padre cuando llegue de esa manera. Le diré lo de siempre, que necesitas ayuda con el ordenador, así que, muévete y prepáralo.

∫ ∫ ∫

María escucha el timbre de la puerta, pero no le hace caso, no le apetece para nada recibir visitas en esos momentos, pero insisten varias veces. Se seca las lágrimas, alisa su cabello y levanta la mirilla para ver quién es. Al ver a Julia abre rápidamente.

—¡Ya pensaba que no estabas! —exclama Julia.

—Perdona por la espera Julia, estaba ocupada.

Julia acaricia con su mano la mejilla de María, todavía húmeda.

—¿Ocupada de ocupada o quizás, ocupada llorando?

—Las dos cosas.

—¡Ya! Toma, deja esto en el frigorífico.

—¿Qué es? —le pregunta María.

—Mira, ahora hacen ofertas con todo. Fui a la carnicería de Pepe y si compraba 2 kg. de ternera para estofado regalaban un pollo, y ¡No vamos a comer Carlos y yo estofado toda la semana! Te traigo la mitad.

María coge el tupper y lo deja sobre el mueble del recibidor, a continuación abraza a Julia sin poder contener los sollozos.

—¿Qué sería de mi familia sin vuestra ayuda, la del abuelo y la de la beneficencia social? ¡Cada vez está peor nuestra situación Julia!

Julia coge la cara de María entre sus manos y la mira fijamente a los ojos.

—Tranquila, todo se arreglará, lo sé. —Luego coge el tupper y se dirige a la cocina, una vez allí ella misma abre el frigorífico para colocarlo. Al verlo tan vacío se queda unos segundos sin decir nada, también mira con disimulo los estantes de la despensa y no ve nada comestible.

—¿Los sábados no venía tu abuelo? —le pregunta Julia.

—Sí, estoy muy preocupada, —dice María— llamé a su móvil y no contesta, luego a mi tía y tampoco. Pienso que le ha podido suceder algo mientras estaba solo en el huerto.

—Oh, que no se acordó que era sábado y está tan feliz charlando con sus amiguetes y no oye el móvil. —Julia intenta animarla.

—¡Ojalá sea eso! —le contesta afligida— El sábado pasado lo encontré más triste y cansado que de costumbre, ya no puede Julia. El trabajo del huerto es duro para su edad y encima el sábado coge el tren de cercanías con una maleta llena de verduras y fruta, que casi no puede con ella, para que su nieta no pase hambre.

Ahora son las dos que cogen un trapo de cocina rápidamente para secarse las lágrimas al escuchar los pasos de Iván. —éste le da un gran abrazo a Julia.

—¡A por tí venía yo! —exclama Julia— El ordenador de Carlos se habrá llenado de virus otra vez y me pidió si puedes venir a arreglar el estropicio. A cambio te invito a comer, he he cho canelones.

—¡Síiii…, claro! Dame dos minutos. Voy a desconectar el mío —exclama feliz.

Iván sale corriendo de la cocina hacia su habitación, al mismo tiempo que entra Lisa, con los hombros caídos y la cabeza agachada se dirige a su madre.

—Yooo, quiero ver a Iván como arregla el ordenador y también me gustan los canelones de Julia.

Julia se gira hacia Lisa y la levanta en volandas, luego se la coloca en la cadera boca abajo. —Lisa rompe a carcajadas.

Julia sale así con ella de la cocina.

—¡Qué bien! Ya tengo alguien que me fregará los platos y me llenará todo de espuma haciendo burbujas.

—¡Sí!, ¡sí!, ¡sí! haré burbujas, haré burbujas. —exclama la chiquilla feliz.

∫ ∫ ∫

Hugo y Brus apilan en el trastero del garaje la última caja.

—¿Quieres que hagamos otro viaje? —le pregunta Hugo.

Brus se apoya en la furgoneta y realiza un profundo suspiro.

—No, ahora no puedo. Tengo que ir al hospital a sustituir a mi hija. Ella tiene reunión con la tutora de Vanesa. Quiere explicarle nuestra situación, por si puede estar más al tanto de ella. Aunque sea pequeña le está afectando mucho todo esto.

—¿Y tu mujer se da cuenta de lo que pasa?

—Sí, pero lo disimula. Igual que mi hija y yo. Todos aparentando normalidad, pero sufriendo horrores en silencio.

—Pero, ¿Isa sabe que tienes fecha del desahucio? —le pregunta Hugo.

—No, eso no, y no se enterará porque no le dará tiempo.

Brus, rompe a llorar desconsoladamente. Hugo al ver a su amigo en ese estado le pone la mano en el hombro para reconfortarlo.

—Lo siento Brus, no debí preguntarte, soy un bocazas.

—¡No! ¡Por favor!, no digas eso. Eres mi único amigo. Todos los demás me dieron la espalda cuando supieron lo del desahucio. Contigo puedo sincerarme, contarte mis penas. Isa tiene metástasis y según el doctor le queda muy poco tiempo.

—¡Dios mío! No pensé que estuviera tan avanzado.

Brus coge su chaqueta del asiento del coche de Hugo y se la pone.

—¡Yo te acompaño con el coche al hospital! —insiste Hugo.

—No, deja, voy andando. Necesito serenarme. Carla lo está pasando muy mal y no tiene que verme en este estado. Y Brus sale a la calle.

—¡Recuerda que podéis quedaros con nosotros hasta que encontréis una vivienda de alquiler! —le grita Hugo.

Sofía entra al garaje justo para escuchar las últimas palabras de su esposo. Brus ya se había ido.

—¡Estás loco! ¡Cómo se te ocurre decirle eso! ¡Como si nosotros no tuviéramos problemas económicos! —le recrimina Sofía.

—Sí, ya lo sé, no hace falta que me lo recuerdes. Pero nosotros tenemos casa, un techo donde vivir y ellos no.

—¡Pues, no haberse comprado lo que no podían pagar! —le grita furiosa.

Hugo, en lugar de recriminarle, se acerca comprensivo a su esposa y le da un beso en la mejilla. Ella lo abraza.

—Perdona, estoy asustada y pierdo los nervios porque no veo ninguna salida positiva a corto plazo para nadie. Referente a lo de Brus, has hecho bien en ofrecerle nuestra casa, ya nos arreglaremos si se da el caso.

—Gracias cariño. Brus es fuerte y encontrará la forma de salir del pozo, pero en estos momentos necesita apoyo. Yo estoy seguro de que no aceptará nuestro ofrecimiento, él buscará alternativas cuando pasen estos momentos tan duros que le esperan.

—Sí, ya sé que no es de los que se aprovechan. Vamos a comer.

∫ ∫ ∫

Brus camina a paso ligero por la avenida donde está ubicado el hospital, pero reduce el paso al ver a unos cuarenta metros un hombre pidiendo en la acera. Este lleva una gorra con la visera muy inclinada hacia la cara. Va bien vestido. Brus por unos momentos se ve a si mismo pidiendo como aquel hombre. Después echa a correr hasta el hospital como si le persiguiera el mismo demonio.

Brus se dirige a la enfermera del mostrador de recepción.

—¿Sabe si el doctor ya visitó hoy a mi esposa?

—Sí, hace una hora aproximadamente. Dijo que cuando llegase le avisara, quiere hablar con usted. —le contesta la enfermera.

—¡¿Está peor?! —le pregunta alarmado.

—No, no hay cambios, sólo dijo que le avisara al llegar.

Brus se sienta en la sala de espera tal y como le indica la enfermera. Siente un fuerte dolor, apoya los codos en sus rodillas y con las palmas de las manos aprieta fuerte ambos lados de su cabeza. Al escuchar unos pasos se levanta rápido, es el doctor. —Brus le pregunta alarmado.

—¿Pasa algo malo doctor? ¿Está peor mi esposa?

—Tranquilízate, tu esposa está igual y puede estar varios días así antes de entrar en la fase final. Tolera bien los medicamentos y está tranquila. Tendrás que llevártela a casa, cuando empeore la trataremos allí.

—¿Pretenden que me lleve a Isa a casa y que ella crea que es el final? —Brus está fuera de sí.

—Lo siento Brus, pero yo no puedo cambiar las normas del hospital. Vamos a mi despacho, comentaremos mejor.

—Me gustaría que mi hija estuviese también.

—Sí, claro.

El doctor se dirige a la enfermera de recepción.

—Por favor, comunique al acompañante de la habitación 220 que deseo verla en mi despacho.

Carla entra al despacho del doctor y abraza a su padre.

—¡¿Qué pasa papá?! —le pregunta preocupada.

—Tranquila Carla. ¿Cómo está tu madre?

—Igual —le contesta con mucha tristeza.

El doctor les observa sin intervenir.

—El doctor nos ha llamado para decirnos que tendremos que llevarnos a mamá a casa.

—¡Pero…, eso es imposible papá! ¡¿Se te ha olvidado?! !Dentro de una semana no tendremos casa! ¡Ella no tiene que saberlo!

Carla coge ambos brazos de su padre y lo zarandea, mirándole directamente a los ojos.

—Ya habíamos hablado de esto, prometiste que mamá no se enteraría. —le suplica con desconsuelo.

Brus acaricia la mejilla de su hija limpiándole las lágrimas, luego la abraza sin dejar de mirar al doctor.

—Y no se enterará, tranquila, haré lo que sea.

—Siento mucho que tengan además ese problema añadido. —dice el doctor— Lo comunicaré a dirección por si pueden hacer algo, pero no confíen demasiado. No dejen de buscar alguna alternativa.

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   Páginas  107  a  121

A las seis en punto, el edificio está lleno a rebosar. Magda, Carla y Vanesa están sentadas en la tercera fila, expectantes y nerviosas.

Ignacio se ha sentado en el centro de la mesa de presidencia. John y Brus uno a cada lado. Ignacio coge el micrófono, se levanta y se dirige al público que guarda silencio de inmediato.

—Gracias a todos por haber venido. Nos encontramos aquí reunidos porque nos pareció muy interesante a todo el equipo de gobierno un proyecto que quieren presentarnos John y Brus, dos amigos del pueblo vecino. Hoy están aquí para explicarlo a todos vosotros y, si os parece interesante ver en qué podemos colaborar para su inicio. John os dirá ahora de que se trata.

Ignacio entrega el micrófono a John, que acaba de levantarse.

—Os agradezco mucho vuestra presencia, al ayuntamiento por su colaboración y apoyo, así como al resto de representantes de entidades que nos acompañan en esta mesa. Deseamos que conozcáis un proyecto que sería muy necesario que se iniciara, éste u otro de similar. Haré una breve introducción para que tengáis una idea general. Me gustaría que preguntarais desde el inicio vuestras dudas y sugerirnos las ideas que se os vayan ocurriendo.

John hace una pausa para beber un sorbo de agua.

—Se trata de organizarnos socialmente de una manera más coherente, solidaria, productiva,… para que las familias sin ingresos, o insuficientes para lo básico, cuyos miembros están todos sin trabajo, puedan agruparse y formar una cooperativa o asociación en cada municipio para trabajar juntos. Con el objetivo de producir y buscar medios para complementar sus necesidades. A parte de producir sus alimentos, ésas personas pueden realizar otros trabajos cuyo resultado les beneficie a ellos y también a la sociedad.

El presidente de los comerciantes levanta la mano, quiere comentar algo. John se calla.

—¿Y por esos trabajos que realizarían cobrarían algo?

—No, si te refieres a sueldo —le contesta John— ni tampoco recibirían en metálico las ayudas. Ningún miembro de la cooperativa, ni entidades que los apoyen, tampoco voluntarios y colaboradores, cobran, piden, dan, ni manipulan dinero. Para que la sociedad colabore, ayudando a esas familias que están al límite, se necesita dos cosas muy importantes. Todos tienen que saber con seguridad que la ayuda llega al que realmente la necesita. Eso se consigue si los necesitados ocupan la jornada para producir ellos mismos parte de sus necesidades. Al mismo tiempo instaurando un sistema en el que, todos, necesitados y colaboradores puedan ver con facilidad la trayectoria de las ayudas y la transparencia de todo el proceso. 

—¿Lo que pretendéis es que trabajen sin saber que recibirán? y, ¿cuál es el apoyo imprescindible que tendría que brindarles el ayuntamiento? Porque todos sabemos que sus arcas están vacías —insiste el presidente de los comerciantes.

Se escucha un murmullo entre el publico. John espera hasta que hay silencio otra vez.

—Los ayuntamientos no tienen que realizar ninguna inversión económica. Es apoyo logístico, si disponen de ello prestarles algún local como sede y sondear entre sus ciudadanos si les prestarían tierras que no cultiven. Alguien tiene que dar el primer paso para su inicio, alguna entidad tiene que informar a los necesitados de que aparte de lo que reciben ahora por parte del estado, ONG… (ayuda económica o alimentos) pueden obtener más cosas, pero trabajando ellos. Cada ayuntamiento tiene que informar antes de inscribirse sobre las normas básicas que regirían en todos los municipios que se inicie el proyecto. Aparte de realizar trabajos agrícolas para suministrarse de alimentos pueden hacer otros trabajos que les servirían…

La asistenta social le interrumpe.

—Y no es exagerado exigir trabajar la jornada para hacer huerto, con esas condiciones no se apuntará nadie.

—El huerto es una pequeña parte de lo que pueden hacer y de lo que hagan además de eso, como lo hagan y como lo sepan organizar (los integrantes de la cooperativa) dependerá que la sociedad sea generosa o no. Y sobre lo de exigir. No se obligaría a nadie a ello. Se apuntaría el que deseara y si no le interesa a nadie, pues mejor, señal de que no necesitan más ayuda que la que reciben actualmente.

—¿Hemos de entender que a los que realicen esos trabajos para conseguir alimentos, unido a lo que “llegará extra”, no hará falta darles el paquete de alimentos que repartimos? ¿Podéis explicar como tenéis pensado organizar esa parte? Os advierto que eso puede ocasionar muchos problemas. —insiste la asistenta social.

—Los problemas, y gordos, los tendréis y tendremos toda la sociedad si no lo mejoramos. Las ayudas que dais ahora y las que dan las ONG hay que continuar dándoselas igual a todos, a los que se inscriban a la cooperativa y a los que no. Esto tiene que quedar muy claro. Lo que proponemos en este proyecto es facilitar a las personas que les resultan insuficientes las ayudas que da el estado y las organizaciones de beneficencia, otra vía para que además de lo que reciben, puedan conseguir con su propio esfuerzo y trabajo llegar a tener cubiertas sus necesidades básicas. Y tiene que ser completamente voluntario.

El presidente de la asociación de jubilados interviene. 

—A mi me parece muy bien. Sería una manera de saber el que realmente necesita ayuda. Esto se desborda y es imposible de controlar. El gobierno tendría que dar una ayuda económica por igual a las personas que no encuentran trabajo. Y si eso no es suficiente, hay que organizar algo para que ellos puedan trabajar para conseguir lo que les falta. Y tiene que ser la misma forma de organizarlo la que lo controle. ¿Qué se pierde con iniciarlo? ¡Nada! Y las ventajas pueden ser muchas, y para todos.

Una mujer del público levanta la mano. Gilbert se apresura y le acerca un micrófono.

—¿Qué ayudas serían las que podríamos recibir y que trabajos tendríamos que realizar para conseguirlas?

Brus sustituye a John para contestar.

—Os explico como ha evolucionado el grupo que compartimos el campo que nos cedió John, os dará unas ideas. Al inicio las personas que venían para pedir si les daba algo de mi huerto, les decía que se lo tenían que cultivar ellos. Les asignaba una parcela de 80 m2, les prestaba los aperos y les indicaba cómo hacerlo. La condición era que pasaran toda la jornada allí. Era la forma de saber que no tenían trabajo. Unos aceptaron y también fueron bastantes los que no. Cuando éramos 15 cultivadores y quedaba aún media finca por trabajar decidimos unificar las parcelas. Plantamos el resto de frutales, vid…, y compartimos entre todos las cosechas. Pusimos como tope 30 cultivadores. Aunque parezca imposible, hasta el momento, todos cumplen las normas y la convivencia es buena. Últimamente nos conceden muchas cosas que tenemos que rechazar, incluso donaciones, porque tendríamos que estar constituidos y organizarlo de otra manera para ampliar los trabajos y poder recibir las ayudas con transparencia. Entre otras cosas nos han cedido más tierras, almacenes, maquinaria de segunda mano, incluso alguna vivienda de manera temporal. Las donaciones que nos ofrecían eran pagos de servicios, agua, gas, comedores escolares…

Brus hace una pequeña pausa. Al ver que no hacen preguntas continúa.

—¿Porqué quieren cedernos y darnos todo eso? Pues, porque ven que trabajamos, que hacemos nosotros el esfuerzo. Que en lugar de pedir, incluso damos excedentes a los comedores sociales. Saben que no trabajamos en economía sumergida porque estamos todo el día en la huerta. Pues, imaginad si se pueden ampliar los trabajos en este proyecto, como por ejemplo ayudas y acompañamiento a personas mayores o discapacitadas. Los cooperativistas capacitados pueden dar formación a los demás. Los estudiantes que han finalizado su carrera y no encuentran trabajo pueden hacer allí algunas de las prácticas que les solicitan y que no pueden realizar en ningún sitio… Para todo ello sería necesario instaurar unas normas justas y que la misma cooperativa y ayuntamiento tuviesen toda la autoridad para hacerlas cumplir.

Un hombre del público levanta la mano, quiere comentar algo.

—Yo, si se inicia como lo has explicado os cedo para unos años una finca de cinco hectáreas. Está plantada de árboles frutales en plena producción. Me ha gustado lo que proponéis. Mi esposa y yo nos jubilamos en unos días y nos trasladaremos a vivir a la ciudad, donde trabaja nuestra hija. También podréis utilizar los aperos y maquinaria. Eso sí, la cooperativa tiene que responsabilizarse de su buen uso. !Ah! Me está diciendo mi esposa que ella puede colaborar antes de irnos enseñando a aprovechar los excedentes, produciendo mermeladas, siropes, zumos… Se escuchan de inmediato aplausos por el ofrecimiento de esas personas. Los integrantes de la mesa entrecruzan miradas. Unas de satisfacción, otras de perplejidad, ante ese ofrecimiento tan generoso que no se esperaban.

—Muchísimas gracias por su ofrecimiento, señor…

—Juan, y mi esposa se llama Patricia.

—Pues con este ofrecimiento tan espléndido y otro que ha hecho un concejal que hoy no se encuentra entre nosotros (me lo acaba de comunicar su compañero que está aquí a mi lado) y que cede tierra para cultivar hortalizas ya se podría…

Ignacio el alcalde le indica a Brus con un gesto que quiere comentar algo. Brus le entrega el micrófono.

—Yo quiero añadir a ese lote tan generoso otra cesión interesante que me han confirmado esta mañana. Los dueños de la fábrica de baldosas, que cerró hace tres años, ceden dos de sus almacenes también por un tiempo. Allí se podrían realizar los cursos, elaboración de excedentes…

—A partir de estas tres aportaciones se pueden conseguir muchos productos alimenticios y se podría iniciar otras actividades.

Una muchacha del público pide la palabra. El compañero de Gilbert le acerca el micrófono.

—Si yo soy miembro de la cooperativa y tengo que trabajar toda la jornada allí. ¿Como haré para buscar trabajo? Necesito disponer de tiempo para ello.

—Naturalmente encontrar trabajo siempre tiene preferencia sobre las otras cosas. Al inscribirte puedes pedir libres los días que creas necesarios. —le contesta Brus.

—¡Uy! Pues así, pocos van a trabajar si podemos reservarnos los días que supuestamente necesitamos, con la picaresca que hay.

—Pues, la picaresca habrá que guardarla, así nos ha ido todo. En el caso de buscar trabajo habrá que presentar justificantes de las empresas que visitas.

—¿Y quien controlaría eso?, porque daría mucho trabajo si se hace bien.

—Los mismos cooperativistas. Podemos dar un buen ejemplo de organización a las instituciones que deberían controlar cosas parecidas, INEM, Sindicatos…

Un hombre de unos 40 años se levanta para comentar.

—Nosotros somos tres compañeros que estamos en una situación insostenible, con hijos que ya no podemos alimentar como es debido. Quisiéramos apuntarnos ahora mismo a esa cooperativa, aunque consigamos poco nos va a beneficiar mucho. Porque estar ocupados es casi tan necesario como obtener cosas.

—Yo soy ama de casa y me gustaría colaborar como voluntaria para lo que se necesite —comenta una mujer del público.

Son muchas las manos levantadas que desean apuntarse ya. Brus consulta a Ignacio y John en voz baja.

—Tenemos que aprovechar la ocasión. ¿Qué te parece Ignacio? ¿Qué les contestamos? —dice John.

Después de unos segundos, Ignacio se levanta decidido.

—Los que deseéis apuntaros, ya sea para trabajar en la cooperativa como los que deseáis colaborar como prestadores o donantes de algo o participar como voluntarios para enseñar, hacer cursos… podéis pasar por el Ayuntamiento. Los que ya lo tengáis claro ahora, os podéis acercar aquí y os tomaremos nota una vez que finalice la conferencia informativa. Tenemos que concretar muchos puntos aún antes de planteárselo al resto de municipios, pero nos irá muy bien para animarlos el tener personas interesadas. Gracias a todos. Dentro de dos semanas celebraremos otra reunión para informaros de los avances.

Finalizó la conferencia informativa. Tres personas tomaban nota debido a la gran afluencia de personas que querían apuntarse. Gilbert y su compañero recogían sus equipos. Después de marcharse el público y parte de los componentes de la mesa Gilbert se acerca para felicitarles. También lo hacen, Magda, Carla y la pequeña Vanesa que se cuelga feliz del cuello de su abuelo.

—¡Bueno Gilbert! ¿Qué tal lo hemos hecho?—le pregunta John.

—Pues, si os soy sincero ha ido todo como yo pensaba. Que habría mucha gente. Que mostrarían interés. Que vosotros lo haríais muy bien. ¡Pero hay una cosa que no me esperaba de un político! Ignacio me ha sorprendido con su reacción tan rápida y acertada al facilitar las inscripciones aquí mismo.

—Yo pienso igual —dice Brus—esto nos da mucha fuerza para continuar y divulgarlo.

—Más de lo que os imagináis. Esta conferencia informativa será aprovechable hasta la última gota —Gilbert está entusiasmado.

∫ ∫ ∫

Julia está haciendo ganchillo sentada en el sofá. Su esposo está viendo el partido de fútbol en la TV. Hacen el descanso y Carlos coge el periódico para ojearlo.

—¡Mira Julia! Una noticia buena en primera página. ¡Cuántos días sin ver algo así!

—Carlos acerca el periódico a Julia para que lea el título—. “Un proyecto esperanzador para las familias sin recursos económicos”. Julia le quita de las manos el periódico.

—¡A ver! !Dame! Si lo dicen los políticos será una patraña de las suyas. 

Julia lee flojito porque ha iniciado el partido.

“Ayer se celebró en el polideportivo de una población de 10.000 habitantes, una conferencia para dar a conocer un proyecto que solucionará en gran medida, la situación límite de esa parte de sociedad que no tiene horizonte o lo tiene muy complicado hasta que no encuentre trabajo. Muchas de esas familias que se beneficiarían viven de la caridad, puede que algunos pasando hambre. El proyecto consiste…”

Julia lee para sí hasta el final del artículo porque su marido le ha indicado con un gesto “silencio”. Se levanta sin dejar el periódico.

—Carlos, voy a enseñárselo a María. ¡Esto parece que va en serio!

—Vale, sí, ¡vete!, ¡vete! Y no te des prisa por volver. Así podré ver tranquilamente el partido.

Julia enrolla el periódico y amonesta a Carlos por sus palabras dándole un porrazo en la cabeza con él.