¡No sé qué regalarle, tiene de todo! ¿Os suena?

Se acercan las navidades, días para estar en familia, (el que tiene, la tiene cerca o se relaciona con ella) de recogimiento y de estar en casa. También de comilonas y despilfarro para algunos, que hace resaltar más la pobreza y miseria de otros. Las felicitaciones, regalos y buenas obras parece que en esos días abundan más que en el resto del año. ¿Por qué?

Desear felicidad, cualquier otro buen deseo o acción no deberíamos limitarlo a fechas específicas o eventos especiales, como la Navidad, los cumpleaños… Si nos damos cuenta que el otro lo necesita, cualquier momento o situación es adecuado para dirigir unas palabras de congratulación, de buenos deseos, de aliento, de brindar una ayuda desinteresada… Porque la tristeza, la soledad, pobreza, la necesidad de saber que importamos a alguien no aparece en la vida de las personas en fechas determinadas.

También los regalos solemos darlos y recibirlos en días específicos o celebraciones especiales. Excesivos en muchos casos para algunas personas e inexistentes para otras. Algunos del primer grupo hacen un problema de la elección de esos regalos, porque poder encontrar algo diferente, atractivo y acertado para el que tiene “casi de todo” resulta muy, muy difícil. ¿Nos hemos preguntado alguna vez que puede que esas personas agradecieran más que no les regaláramos nada? ¿Y que se sintieran más felices si supieran que ese dinero ha servido para remediar alguna necesidad básica de ese segundo grupo?

Sería positivo reflexionar sobre los actos que realizamos solo porque es una tradición o costumbre y ver si son adecuados a las necesidades reales del momento y de las personas.

Nuestros niños y jóvenes seguro que lo harán mejor que nosotros, pero ese aprendizaje que necesitan para luego ser buenos padres de familia, educadores, obreros o gobernantes lo adquieren de su entorno con ejemplos de actos coherentes, justos y responsables de su familia y la sociedad que los rodea.

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